Contestación a Alfonso Reece en relación a su artículo “OLOR A PERRO MUERTO”

Con personas como el señor Reece las y los animalistas nos cruzamos cada día. Acostumbradas y acostumbrados estamos a que nos increpen “váyanse a cocinar”, “mejor preocúpense por los niños de la calle”; pero corresponde reconocer la novedosa analogía que nos presenta Reece entre la lucha por los derechos de los animales y el racismo [Sin comentarios].

Al contrario, los derechos de los demás animales los defendemos por un afán de igualdad, esta es una lucha social. La esclavitud justificaba tener la propiedad, uso y disposición sobre otro ser humano, en razón de su raza. La inequidad de género permite aun en varios Estados del mundo que el marido u hombre de familia disponga sobre el destino de la mujer. La historia de los animales no humanos no es muy distinta: en virtud de la especie no humana a la que pertenecen, hombres y mujeres como el señor Reece justifican la tortura, la violencia y la barbarie sobre seres inocentes. Así como justificados en el color de la piel, hombres y mujeres, se reputaban amos y señores de otros seres.

Por otra parte, dado que parece hablar desde el completo desconocimiento, le explicamos que en la legislación ambiental ecuatoriana existen medidas suficientes de control de poblaciones de especies introducidas para la preservación de especies endémicas. Sin embargo, no existen regulaciones específicas que permitan el manejo técnico de poblaciones animales como los perros y gatos comunitarios, callejeros.(véase http://www.rescateanimal.org.ec/…/comunicado-oficial-sobre…/ ) Es esta regulación la que se persigue.

Entonces, la teología, el señor Reece la puede guardar en el cajoncito de su velador de noche, recitarla y compartirla con su círculo de lectores si desea, pero las leyes de la materia, las fundamenta únicamente la ciencia y consideraciones morales que necesariamente deben extenderse hacia todas las demás especies.

Finalmente, creer que ambientalismo y animalismo se encuentran divorciados es una idea del pasado, donde debe permanecer. Los animales humanos y no humanos, como individuos somos seres con valor intrínseco, y como parte de la naturaleza cumplimos un rol en el Planeta que nos exige aprender a coexistir, tolerarnos y respetarnos.

La violencia no deja de ser violencia porque la ejecutemos contra animales de otras especies. Nosotros luchamos por sociedades de paz y hemos entendido que nuestra lucha también incluye a los otros animales, esos que muchos humanos se creen con el derecho natural de eliminar. Por ustedes nuestra labor es necesaria.

EL EQUIPO RA.

 

Ver la nota a la cual estamos respondiendo en:  http://www.eluniverso.com/opinion/2016/06/20/nota/5646681/olor-perro-muerto